Domingo Veinte Durante El Año  Ciclo A

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Para comprender la palabra de Dios hemos de situarnos donde fue proclamada, las costumbres de aquel tiempo, el plan de Dios y el mensaje que quería dar Jesús.

Lugar: Tiro y Sidón

Tiro y Sidón eran dos ciudades de Fenicia, una parte del Líbano actual. Sidón era célebre por su comercio, y Tiro por su industria de púrpura.

Es la primera vez que Jesús sale de Palestina desde el comienzo de su vida pública, y quizás desde su nacimiento, para ir a Egipto. ¿Por qué va? No va para predicar, puesto que su misión personal e inmediata, como nos dice él mismo Jesús en el evangelio de hoy, va dirigida los judíos: Dios me ha enviado sólo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel (Mt 15,24). Probablemente por no molestar a los fariseos que le seguían y, a la vez, porque deseaba pasar inadvertido, estar en un lugar tranquilo (Mc 7,24) y atender a sus discípulos. Pero, le pasa a Jesús como muchas veces a nosotros, que ha de cambiar sus planes y atender aquella mujer pagana que, su amor de madre, la condujo ante Jesús. Dice el evangelista Marcos: Entró en una casa, y no quería que nadie lo supiera, pero no logró pasar inadvertido (Mc 7,24).

Plan De Dios

En la perspectiva del Antiguo Testamento la humanidad es la depositaria de las promesas divinas, luz para iluminar a las naciones y gloria de su pueblo Israel (Lc 2,32) y a las naciones que no pertenecen a este pueblo. Jesús viene para todos y, como dice san Pablo: El ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba (Ef 2,14-15).

Después de esta introducción, comentemos el evangelio de hoy, que es muy bonito y está repleto de enseñanzas. La cananea era una mujer pagana, no era israelita, tenía a su hija muy enferma, endemoniada. Oyó hablar de Jesús. Salió a su encuentro y a gritos le dijo: ‑Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David; mi hija vive maltratada por un demonio (Mt 15,22). No le pide nada, solamente le expone el mal que padece su hija, confiando que Jesús actuará. ¡Jesús hace el sordo! ¿Por qué? Quizás lo hizo porque había descubierto la fe de aquella mujer y la quería hacer crecer. Ella continúa rogando, de tal manera que los discípulos piden a Jesús que la despache. La fe de esta mujer se manifiesta, sobre todo, en su humilde insistencia, remarcada por las palabras de los discípulos: Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros (Mt 15,23).

La mujer sigue rogando, aunque Jesús hace el sordo, no se cansa, como hacemos nosotros muchas veces, cuando vemos que el Señor hace el sordo con nosotros. El silencio de Jesús se explica porque solamente ha venido para la casa de Israel. Después de la resurrección dirá a sus discípulos: ‑Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura (Mc 16,15).

Este silencio de Dios, a veces, nos atormenta. ¿Cuántas veces no nos hemos quejado de este silencio ante, por ejemplo, una desgracia o una injusticia?

Job se dirige a Dios con estas palabras: Grito hacia ti y no me respondes, insisto y no me haces caso (Job 30,20).

Ante este silencio de Jesús, la mujer se postra, se pone de hinojos. Es la postura de adoración. Adora el silencio de Jesús. –No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perrillos. Ella replicó: ‑Eso es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos (Mt 15,26-27).

Esta mujer es muy lista. No se enfada, no le contesta mal, sino que le da la razón. Es cierto, Señor. Se pone de su lado. No pido, Señor, el pan, sino sólo las migajas que los amos desperdician. Me contento con las migajas que tiran a los perros.

Es como si dijera: Soy un perro, pero el perro también está protegido por su amo. Esta mujer nos ofrece una gran lección: da la razón al Señor, que siempre la tiene. No quieras tener nunca la razón cuando te presentas ante el Señor. No te quejes nunca y, si te quejas, acaba diciendo: Señor, hágase tu voluntad.

Jesús no quería hacer un milagro, puesto que únicamente había sido enviado a las ovejas perdidas de Israel (Mt 15,24), pero, aquella madre le toca el corazón. Ve la fe de esta mujer que le repite que tenga compasión de ella y no hace lo que le dicen los discípulos, despacharla, sino que le dice: ¡Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides (Mt 15,28).

Jesús escucha, se compadece de esta mujer extranjera y cura a su hija. Muchas veces vemos a Jesús hablando con mujeres, escuchándolas y haciendo aquello que le piden. No tiene ningún escrúpulo, porque su corazón es limpio, aunque esté solo con una de ellas, como en el caso de la Samaritana. Los discípulos se sorprendieron de que Jesús estuviese hablando con una mujer; pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería de ella o de qué estaban hablando (Jn 4,27).

Durante toda la vida pública, Jesús va acompañado de un grupo de mujeres que le siguen hasta la cruz, y el evangelista Juan nos dice que Jesús amaba a Marta, a su hermana, y a Lázaro (Jn 11,5). La mujer tiene un gran papel en la Iglesia, aunque hasta ahora no haya sido ordenada de sacerdote. ¿Qué pasaría si a nuestros templos sólo vinieran los hombres? Este tema es muy largo, y muchas cosas son discutibles. Dejémoslo por ahora para no liarnos.

La oración es la voz de la fe. Las personas que pierden la fe, antes han perdido el hábito de la oración.

terminemos diciendo: Señor, ten compasión de mí y dame la fe de la mujer cananea. Algunas veces también nosotros vivimos maltratados por algún demonio.

 

¡Que Paséis Un Buen Domingo!